La conciencia, en el sentido que estudia la neurociencia, es el hecho de que exista algo que se siente al ser tú, la experiencia subjetiva de ver un color o sentir dolor. En sentido moral, la palabra designa también la capacidad de juzgar el bien y el mal. La ciencia ya sabe qué regiones y dinámicas cerebrales la acompañan y cómo detectarla en pacientes que no pueden moverse, pero todavía no sabe por qué la actividad de las neuronas produce experiencia en lugar de ocurrir a oscuras.

Esa brecha explica por qué la conciencia sigue siendo el gran problema abierto de la neurociencia. En 2018 y 2019, una encuesta a 166 investigadores del campo encontró que ninguna teoría superaba el 62% de apoyo como prometedora (Francken et al., 2022), y en 2025 el mayor experimento diseñado para enfrentar a dos de esas teorías terminó desafiando los supuestos centrales de ambas. Este artículo recorre lo que sabemos con evidencia sólida y lo que proponen las teorías principales para explicarlo.

¿Qué entendemos por conciencia?

Antes de preguntar cómo surge la conciencia, conviene precisar de qué se habla, porque la palabra cubre fenómenos distintos y buena parte de los malentendidos nacen de mezclarlos.

Conciencia y consciencia, dos palabras para dos ideas

Según el Diccionario panhispánico de dudas de la Real Academia, conciencia sirve para los dos sentidos de la palabra, mientras que consciencia solo se usa para el psicológico. La conciencia en sentido moral es la capacidad de juzgar el bien y el mal, como cuando decimos que alguien tiene la conciencia tranquila. La consciencia en sentido psicológico es el conocimiento inmediato que tenemos de nosotros mismos y del entorno, la experiencia de estar despiertos y percibir. Este artículo se centra en la segunda y la escribe conciencia, la forma más usada.

La conciencia moral también tiene base cerebral

El sentido moral de la palabra no es ajeno a la neurociencia. En 2001, Joshua Greene y sus colegas mostraron con resonancia magnética funcional que los dilemas morales que implican causar un daño directo a otra persona activan con más fuerza regiones asociadas a la emoción, como la corteza prefrontal medial, que los dilemas más impersonales (Greene et al., 2001). En 2007, un estudio con pacientes que tenían lesiones en la corteza prefrontal ventromedial encontró que aceptaban con mucha más frecuencia sacrificar a una persona para salvar a varias, un juicio utilitarista que los demás participantes rechazaban (Koenigs et al., 2007). La conciencia moral se apoya así en circuitos que integran emoción y razonamiento, y depende a su vez de la experiencia consciente, porque sin ella no hay nada que juzgar.

Nivel y contenido

La neurociencia separa dos dimensiones. El nivel, o estado, de conciencia es el grado en que una persona está consciente, que varía entre la vigilia, el sueño profundo, la anestesia o el coma. El contenido es aquello de lo que se es consciente en un momento dado, como una cara, un sonido o un recuerdo. Christof Koch y sus colegas la usaron en una revisión de 2016 para diferenciar los correlatos neuronales de la conciencia en general de los correlatos específicos de cada contenido (Koch et al., 2016). En la anestesia general profunda se pierde el nivel, y una persona que no ve un estímulo presentado demasiado rápido ha perdido ese contenido concreto sin dejar de estar consciente.

Experiencia y acceso

En 1995, el filósofo Ned Block propuso distinguir la conciencia fenoménica, que es la experiencia vivida, de la conciencia de acceso, que es la disponibilidad de una información para razonar, recordar y actuar (Block, 1995). Dos décadas antes, Thomas Nagel había fijado el criterio más citado de la experiencia al preguntar cómo es ser un murciélago. Un organismo es consciente, argumentaba, si hay algo que se siente al ser ese organismo (Nagel, 1974). La distinción importa porque varias teorías explican con detalle el acceso, pero discuten si con eso han explicado también la experiencia.

El problema difícil

David Chalmers dio nombre a esa discusión en un congreso celebrado en Tucson en 1994 y la desarrolló en un artículo de 1995. Llamó problemas fáciles a los que se resuelven explicando funciones, como discriminar estímulos, integrar información o informar de estados internos. El difícil es explicar por qué todo ese procesamiento va acompañado de experiencia. Lo formuló así en su artículo fundacional (Chalmers, 1995).

El problema realmente difícil de la conciencia es el problema de la experiencia.

David Chalmers, filósofo que formuló el problema difícil de la conciencia
David Chalmers, filósofo de la Universidad de Nueva York, que en 1995 dio nombre al problema difícil de la conciencia.

No todos los filósofos aceptan que el problema difícil exista como algo separado de los fáciles. La neurociencia, en la práctica, avanza buscando qué ocurre en el cerebro cuando hay experiencia y cuando no la hay, el programa conocido como búsqueda de los correlatos neuronales. Hemos explorado el lado vivido de esa experiencia en el artículo sobre cómo el cerebro construye la experiencia subjetiva que llamamos realidad.

¿Dónde está la conciencia en el cerebro?

Buscar los correlatos neuronales de la conciencia significa identificar el conjunto mínimo de mecanismos cerebrales suficiente para una experiencia concreta. Esta estrategia permitió convertir una pregunta filosófica en un programa experimental.

El programa de Crick y Koch

En 1990, Francis Crick y Christof Koch propusieron dejar de lado las definiciones y estudiar la conciencia visual como cualquier otro fenómeno biológico (Crick y Koch, 1990). En 2003 actualizaron ese marco con la idea de coaliciones de neuronas que compiten por dominar la experiencia (Crick y Koch, 2003). El método más usado desde entonces compara situaciones en las que el estímulo es idéntico, pero la experiencia cambia, como las imágenes ambiguas, el enmascaramiento visual o la rivalidad binocular, de modo que lo que varía en el cerebro puede atribuirse a la conciencia y no al estímulo.

Christof Koch, neurocientífico que impulsó junto a Francis Crick la búsqueda de los correlatos neuronales de la conciencia
Christof Koch en la conferencia Toward a Science of Consciousness de Tucson, 2008.

La zona caliente posterior

La revisión de Koch, Massimini, Boly y Tononi de 2016 concluyó que los correlatos del contenido consciente se concentran sobre todo en una zona caliente posterior formada por regiones de la corteza parietal, temporal y occipital, y no en la corteza prefrontal como se había supuesto (Koch et al., 2016). Un experimento de 2017 reforzó esa idea con sueños. Con electroencefalografía de alta densidad, el equipo de Francesca Siclari observó que, tanto en sueño REM como en no REM, informar de un sueño al despertar se asociaba a una caída de la actividad lenta en esa zona posterior. Vigilarla en tiempo real permitía predecir si la persona contaría que había estado soñando (Siclari et al., 2017).

El tálamo como compuerta

La corteza no trabaja sola. En abril de 2025, un estudio publicado en Science registró con electrodos profundos la actividad de pacientes mientras detectaban estímulos en el umbral de la percepción. Los núcleos intralaminares y mediales del tálamo se activaban antes y con más fuerza que la corteza prefrontal cuando el estímulo se percibía de forma consciente, y esa activación se acompañaba de una mayor sincronía en la banda theta con la corteza frontal (Fang et al., 2025). El resultado sitúa a esta estructura profunda como una compuerta que decide qué información llega a la experiencia, y conecta con el modelo de redes que explicamos en el modelo de las tres grandes redes cerebrales que organizan la conciencia.

Esquema de las conexiones entre el tálamo y la corteza cerebral, implicadas en la percepción consciente
Conexiones tálamo-corticales y córtico-talámicas en un corte coronal del cerebro. Este circuito de ida y vuelta es el que el estudio de 2025 sitúa como compuerta de la percepción consciente.

Las grandes teorías científicas de la conciencia

Los correlatos indican dónde y cuándo aparece la experiencia. Las teorías intentan explicar por qué, y proponen qué propiedad de la actividad cerebral es la que hace consciente a un estado. Anil Seth y Tim Bayne publicaron en 2022 una revisión de referencia que las agrupa en cuatro familias principales (Seth y Bayne, 2022). A ellas se añaden propuestas como el esquema de atención.

TeoríaAutores clave¿Qué hace consciente a un estado?¿Dónde la sitúa?
Espacio de trabajo globalBaars, Dehaene, ChangeuxLa difusión de la información a todo el cerebro mediante una ignición repentinaRedes frontoparietales
Información integradaTononi, KochLa cantidad de información integrada de forma intrínseca por un sistema, llamada ΦCorteza posterior
Procesamiento predictivoFriston, Seth, ClarkLas predicciones que el cerebro hace sobre el mundo y sobre el propio cuerpoJerarquías corticales y señales interoceptivas
Orden superiorRosenthal, Lau, LeDouxUna representación de segundo orden que señala que un estado mental está ocurriendoCorteza prefrontal
Procesamiento recurrenteLammeLa actividad que vuelve hacia atrás desde áreas superiores a las sensorialesCortezas sensoriales
Esquema de atenciónGrazianoEl modelo simplificado que el cerebro construye de su propia atenciónRedes temporoparietales

Espacio de trabajo global

Bernard Baars comparó la mente con un teatro en el que muchos procesos inconscientes trabajan entre bastidores y solo lo que sube al escenario se vuelve consciente (Baars, 1988). Stanislas Dehaene y Jean-Pierre Changeux tradujeron esa metáfora a neuronas. Según su modelo, un estímulo se vuelve consciente cuando su representación desencadena una ignición, una activación súbita y autosostenida de neuronas de largo alcance en las cortezas prefrontal y parietal, que la pone a disposición de la memoria, el lenguaje y la toma de decisiones (Dehaene y Changeux, 2011). Una revisión de 2020 resumió la evidencia acumulada a favor de esa ignición en estudios con humanos y monos (Mashour et al., 2020). La teoría explica muy bien la conciencia de acceso, y sus críticos sostienen precisamente que no aborda la experiencia.

Teoría de la información integrada

Giulio Tononi siguió el camino inverso. En lugar de partir del cerebro, partió de la experiencia y de sus propiedades evidentes, como que es unificada, específica y existe para quien la tiene, y después preguntó qué tipo de sistema físico podría tenerlas (Tononi, 2004). Su respuesta es que la conciencia corresponde a la información integrada que un sistema genera sobre sí mismo, una magnitud que llama Φ. La versión 4.0 de la teoría, publicada en 2023, formaliza esos axiomas y postulados con un aparato matemático detallado (Albantakis et al., 2023). Sus implicaciones son radicales, porque predice que algunos sistemas simples podrían tener un mínimo de conciencia y que un ordenador convencional no la tendría aunque imitara perfectamente a un humano.

Axiomas y postulados de la teoría de la información integrada de Giulio Tononi sobre la conciencia
Axiomas de la experiencia y postulados físicos de la teoría de la información integrada.

Procesamiento predictivo

El cerebro predice continuamente el mundo y corrige esas predicciones con las señales que llegan de los sentidos. Sobre esa idea, desarrollada formalmente por Karl Friston, Anil Seth propone que la experiencia consciente es una alucinación controlada, es decir, la mejor conjetura del cerebro sobre las causas de lo que percibe. En su libro Being You, Seth da un paso más y defiende que las predicciones más básicas son las que el cerebro hace sobre el propio cuerpo para mantenerlo con vida, lo que vincula la conciencia con la regulación biológica (Seth, 2021). Es la teoría que más investigadores consideran prometedora según la encuesta de Francken, y la que inspira el modelo REBUS sobre los psicodélicos que veremos más adelante.

Teorías de orden superior

Para el filósofo David Rosenthal, un estado mental es consciente cuando la mente se representa a sí misma estando en ese estado (Rosenthal, 1986). Para ver rojo de forma consciente hace falta, además, una representación de segundo orden que registre que se está viendo rojo. Hakwan Lau y Joseph LeDoux han defendido versiones empíricas de esta idea que atribuyen ese papel a la corteza prefrontal, apoyándose en casos en que la capacidad de discriminar estímulos se conserva mientras la experiencia informada desaparece (Lau y Rosenthal, 2011; Brown, Lau y LeDoux, 2019). LeDoux ha usado este marco para sostener que el miedo consciente y las respuestas defensivas automáticas dependen de circuitos distintos (LeDoux y Brown, 2017).

Procesamiento recurrente

Victor Lamme propone que la conciencia surge cuando la información, tras avanzar desde las áreas sensoriales hacia regiones superiores, vuelve hacia atrás y establece bucles de actividad recurrente dentro de la propia corteza sensorial (Lamme, 2006). Según esta teoría, una persona puede tener una experiencia visual sin poder informar de ella, lo que la acerca a la distinción de Block entre experiencia y acceso. Comparte con la información integrada el énfasis en la parte posterior del cerebro.

Esquema de atención

Michael Graziano plantea que el cerebro construye un modelo simplificado de su propia atención, igual que construye un esquema del cuerpo para controlar los movimientos. Ese modelo describe la atención como una especie de presencia interior, y eso es lo que llamamos conciencia (Graziano y Webb, 2015). La propuesta es deliberadamente deflacionaria, porque sostiene que la sensación de que hay algo más que explicar es un rasgo del propio modelo.

Qué teoría convence más a los investigadores

En la encuesta publicada por Jolien Francken y su equipo en 2022, realizada entre asistentes a los congresos de la Asociación para el Estudio Científico de la Conciencia de 2018 y 2019, el reparto de apoyos mostró un campo sin consenso.

TeoríaInvestigadores que la consideran prometedora
Procesamiento predictivo61,3%
Espacio de trabajo global58,0%
Orden superior53,8%
Información integrada44,9%
Procesamiento recurrente39,2%
Teorías sensoriomotoras33,6%
Teorías cuánticas14,3%

Fuente Francken et al., Neuroscience of Consciousness, 2022. Cada encuestado podía marcar varias teorías. El 53,9% consideró poco prometedoras las teorías cuánticas, un grupo minoritario de propuestas que analizamos en el artículo sobre la hipótesis del cerebro cuántico y el experimento del Trinity College.

El experimento que enfrentó a dos teorías

Durante años, cada teoría acumuló evidencia a favor diseñando sus propios experimentos. El consorcio COGITATE, financiado por la Templeton World Charity Foundation, propuso un método distinto, la colaboración adversarial, en la que los defensores de dos teorías rivales acuerdan antes de empezar qué resultados contarían en contra de cada una.

Qué se puso a prueba

Los resultados se publicaron en Nature el 30 de abril de 2025 (Cogitate Consortium, 2025). Participaron 256 personas, cuya actividad cerebral se registró con resonancia magnética funcional, magnetoencefalografía y electrodos intracraneales en pacientes, en siete laboratorios y con un protocolo prerregistrado. La información integrada predecía una sincronización sostenida dentro de la corteza posterior mientras durase la experiencia. El espacio de trabajo global predecía una ignición en la corteza prefrontal tanto al aparecer como al desaparecer el estímulo, y una representación prefrontal completa del contenido consciente.

Lo que falló en cada una

Ninguna salió indemne. La información sobre el contenido consciente apareció en las cortezas visual, ventrotemporal y frontal inferior, y hubo respuestas sostenidas en la corteza posterior que seguían la duración del estímulo. Pero no apareció la sincronización sostenida dentro de la corteza posterior que exigía la información integrada. Tampoco hubo, en general, la ignición al desaparecer el estímulo que exigía el espacio de trabajo global, y la corteza prefrontal representaba solo parte del contenido, la categoría del objeto pero no su orientación. Los autores concluyeron que sus resultados desafiaban de forma sustancial principios centrales de ambas teorías. Anil Seth, catedrático de neurociencia cognitiva y computacional de la Universidad de Sussex, lo resumió así en el comunicado del Allen Institute.

Estaba claro que ningún experimento aislado refutaría de forma decisiva ninguna de las dos teorías.

Los resultados preliminares se presentaron en junio de 2023 en Nueva York, y ese mismo día Christof Koch reconoció haber perdido la apuesta que había hecho con David Chalmers en 1998, según la cual en 25 años se habría identificado un correlato neuronal claro de la conciencia (Scientific American, 2023).

La acusación de pseudociencia

La cobertura mediática de 2023, que presentó la información integrada como la teoría líder, provocó una reacción poco habitual. En septiembre de ese año, una carta firmada por 124 investigadores calificó la teoría de pseudociencia por considerar que su núcleo no puede ponerse a prueba (IIT-Concerned, 2023). Chalmers comparó la acusación con lanzar una bomba nuclear sobre una disputa regional (Daily Nous, 2023). El debate llegó en marzo de 2025 a Nature Neuroscience con un artículo de los críticos, una réplica del grupo de Tononi que defiende un enfoque que parte de la experiencia frente al funcionalismo computacional, y un comentario mediador de Alex Gomez-Marin y Anil Seth (IIT-Concerned et al., 2025; Tononi et al., 2025; Gomez-Marin y Seth, 2025). La polémica reforzó una exigencia que ya era central en COGITATE, que cada teoría haga predicciones capaces de fallar.

Cómo se mide la conciencia en un paciente

La pregunta sobre qué es la conciencia tiene consecuencias clínicas directas. Decidir si una persona tras un daño cerebral grave tiene experiencia afecta al tratamiento y a decisiones sobre el final de la vida.

Coma, estado vegetativo y mínima conciencia

La clínica distingue varios trastornos de la conciencia. En el coma, el paciente no abre los ojos ni muestra ciclos de sueño y vigilia. En el estado vegetativo, también llamado síndrome de vigilia sin respuesta, abre los ojos y alterna sueño y vigilia, pero no muestra signos conductuales de conciencia. En el estado de mínima conciencia aparecen respuestas intermitentes pero reproducibles, como seguir un objeto con la mirada o cumplir una orden sencilla. El problema es que estas categorías se basan en lo que el paciente puede hacer, y no siempre coincide con lo que experimenta.

Conciencia encubierta

En 2006, el equipo de Adrian Owen pidió a una mujer de 23 años en estado vegetativo tras un accidente de tráfico que imaginara jugar al tenis y que imaginara recorrer su casa mientras estaba en un escáner de resonancia magnética. Su cerebro activó el área motora suplementaria en el primer caso y el giro parahipocampal en el segundo, con un patrón indistinguible del de voluntarios sanos (Owen et al., 2006). No podía moverse ni hablar, pero entendía las instrucciones y decidía seguirlas.

Lo que entonces parecía un caso excepcional resultó frecuente. En agosto de 2024, un estudio internacional publicado en el New England Journal of Medicine evaluó con resonancia funcional y electroencefalografía a 353 adultos con trastornos de la conciencia en seis centros. Entre los 241 pacientes que no respondían a órdenes de forma observable, 60, el 25%, mostraron actividad cerebral compatible con seguir instrucciones, un fenómeno llamado disociación cognitivo-motora (Bodien et al., 2024).

Medir la complejidad del cerebro

Marcello Massimini mostró en 2005 que, si se estimula la corteza con un pulso magnético durante la vigilia, la respuesta se propaga por el cerebro en patrones complejos, mientras que en el sueño profundo queda localizada y se apaga (Massimini et al., 2005). Sobre esa base, su grupo desarrolló el índice de complejidad perturbacional, que combina estimulación magnética transcraneal y electroencefalografía para medir cuán compleja e integrada es la respuesta cerebral (Casali et al., 2013). El índice cae en el sueño profundo y con anestésicos como el propofol o el xenón, y se mantiene alto en el sueño REM. También permanece elevado con dosis anestésicas de ketamina, que dejan al paciente sin respuesta pero con experiencias similares a sueños (Sarasso et al., 2015).

En una validación de 2016 con 150 sujetos de referencia, el umbral del índice separó los estados conscientes de los inconscientes con un 100% de sensibilidad y especificidad, y detectó como conscientes al 94,7% de los pacientes en estado de mínima conciencia. Además, 9 de los 43 pacientes en estado vegetativo mostraron valores altos, compatibles con una conciencia que la exploración clínica no detectaba (Casarotto et al., 2016). La anestesia es otra ventana. Como explicaron Michael Alkire, Anthony Hudetz y Giulio Tononi, un paciente puede dejar de responder sin perder necesariamente la experiencia, y lo que parece apagar la conciencia es la ruptura de la integración entre regiones corticales (Alkire et al., 2008).

Lo que los psicodélicos revelan sobre la conciencia

Los psicodélicos son herramientas experimentales valiosas porque alteran de forma profunda el contenido de la conciencia sin suprimir su nivel. En 2012, el grupo de Robin Carhart-Harris mostró con resonancia magnética que la psilocibina reducía la actividad y la conectividad de nodos de la red neuronal por defecto, implicada en el pensamiento autorreferencial (Carhart-Harris et al., 2012). Dos años después propuso la hipótesis del cerebro entrópico, según la cual estos estados aumentan la entropía de la actividad cerebral (Carhart-Harris et al., 2014).

En 2019, Carhart-Harris y Karl Friston integraron esa idea en el procesamiento predictivo con el modelo REBUS, que sostiene que los psicodélicos relajan la precisión de las creencias de alto nivel y dejan que la información sensorial y emocional fluya con menos filtro (Carhart-Harris y Friston, 2019). Estudios recientes han refinado el cuadro. En 2023, la dimetiltriptamina aumentó la conectividad global del cerebro en un patrón que seguía la densidad de receptores 5-HT2A (Timmermann et al., 2023), y en 2024 un estudio en Nature mostró que la psilocibina desincroniza las redes cerebrales con un efecto más de tres veces mayor que el metilfenidato, máximo en la red por defecto (Siegel et al., 2024). Ampliamos estos hallazgos en los efectos de la psilocibina sobre la red por defecto que persisten semanas y en cómo los psicodélicos modulan la red neuronal por defecto según una revisión sistemática.

¿Puede una máquina ser consciente?

La llegada de los grandes modelos de lenguaje convirtió una pregunta filosófica en un asunto práctico. Si un sistema habla de sus sentimientos de forma convincente, ¿cómo saber si los tiene?

Indicadores derivados de las teorías

En agosto de 2023, un grupo de 19 investigadores encabezado por Patrick Butlin y Robert Long, con Yoshua Bengio entre los autores, propuso evaluar los sistemas de inteligencia artificial con propiedades indicadoras derivadas de las teorías científicas, como la recurrencia, un espacio de trabajo global o representaciones de orden superior. Su análisis sugería que ningún sistema actual es consciente, aunque no existen barreras técnicas evidentes para construir sistemas que cumplan esos indicadores (Butlin et al., 2023). Una versión revisada por pares se publicó en línea en Trends in Cognitive Sciences en noviembre de 2025 (Butlin et al., 2026), y en agosto de 2026 el Journal of Consciousness Studies dedicó un número especial a la conciencia en la inteligencia artificial actual (Butlin, Shiller y Simon, 2026).

Dos posturas enfrentadas

David Chalmers considera poco probable que los modelos de lenguaje actuales sean conscientes, porque carecen de procesamiento recurrente, de un espacio de trabajo global y de una agencia unificada, aunque cree que esos obstáculos podrían superarse en aproximadamente una década (Chalmers, 2023). Anil Seth defiende un naturalismo biológico según el cual la conciencia está ligada a la vida y a la regulación de un cuerpo, algo que la computación por sí sola no reproduce. Su ensayo The Mythology of Conscious AI ganó en enero de 2026 el Premio de Ensayo Berggruen 2025 en su categoría en inglés, dotado con 50.000 dólares (Berggruen Institute, 2026). Entre los investigadores, la posibilidad no se descarta, ya que en la encuesta de Francken, realizada antes de la llegada de los grandes modelos de lenguaje, el 67,1% respondió que las máquinas podrían tener conciencia ahora o en el futuro.

Qué animales son conscientes

El 7 de julio de 2012, un grupo de neurocientíficos reunido en la Universidad de Cambridge proclamó la Declaración de Cambridge sobre la Conciencia, que afirmaba que los animales no humanos, incluidos todos los mamíferos, las aves y otras criaturas como los pulpos, poseen los sustratos neurológicos que generan la conciencia. El 19 de abril de 2024, la Declaración de Nueva York sobre la Conciencia Animal, impulsada por Kristin Andrews, Jonathan Birch y Jeff Sebo, fue más lejos. Sostiene que hay un fuerte respaldo científico para atribuir experiencia consciente a mamíferos y aves, y al menos una posibilidad realista en todos los vertebrados y en muchos invertebrados, como cefalópodos, crustáceos decápodos e insectos. A 12 de octubre de 2026 la habían firmado 611 investigadores, según el contador de su página oficial. La declaración añade que ignorar esa posibilidad en decisiones que afectan a los animales es irresponsable.

El estado de la ciencia de la conciencia

Tres décadas de investigación han dejado conclusiones firmes. La conciencia depende de la actividad del cerebro y puede medirse indirectamente con una precisión que permite detectarla en pacientes que no pueden comunicarse. Su contenido se asocia a la corteza posterior y a bucles entre el tálamo y la corteza frontal, aunque el peso relativo de cada región sigue en discusión, mientras que su nivel depende de la integración entre regiones. Y puede alterarse de forma predecible con la anestesia o con los psicodélicos.

Lo que sigue abierto es el centro de la cuestión. Ninguna teoría ha superado todas las pruebas, y COGITATE mostró que incluso las dos más elaboradas fallan en predicciones que sus propios defensores consideraban clave. Queda sin respuesta por qué ciertos procesos cerebrales producen experiencia, y si una máquina o un insecto podrían tenerla. Christof Koch, que lleva más de tres décadas dedicado a la pregunta, lo describió así en el comunicado del Allen Institute sobre COGITATE.

Desentrañar este misterio es la pasión de toda mi vida.

La diferencia con hace treinta años es que hoy esas preguntas se formulan como hipótesis que pueden fallar en un laboratorio. Herramientas como la optogenética, que recibió el Premio Nobel de Medicina 2026 y que explicamos en cómo la optogenética enciende y apaga neuronas con luz, permiten ya comprobar en animales qué circuitos son necesarios para que un individuo detecte o informe de un estímulo.

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Preguntas frecuentes (FAQ)

Respondemos las dudas más comunes sobre qué es la conciencia y cómo la estudia la ciencia.

1. ¿Qué es la conciencia en palabras sencillas?

Es la experiencia subjetiva, el hecho de que se sienta algo al ver un color o al pensar. La neurociencia distingue su nivel, que varía entre la vigilia, el sueño o la anestesia, de su contenido, que es aquello de lo que eres consciente en cada momento.

2. ¿Qué diferencia hay entre conciencia moral y consciencia?

La conciencia moral es la capacidad de juzgar el bien y el mal, y se apoya en circuitos de la corteza prefrontal que integran emoción y razonamiento. La consciencia en sentido psicológico es la experiencia de uno mismo y del entorno. Según la Real Academia, conciencia sirve para los dos sentidos y consciencia solo para el psicológico.

3. ¿Qué es el problema difícil de la conciencia?

Es la pregunta de por qué el procesamiento de información en el cerebro va acompañado de experiencia subjetiva. David Chalmers lo formuló a mediados de los años noventa para distinguirlo de los problemas fáciles, que consisten en explicar funciones como discriminar estímulos o informar de estados internos.

4. ¿Se puede medir la conciencia?

De forma indirecta, sí. Las técnicas de neuroimagen detectan pacientes que siguen instrucciones mentalmente sin poder moverse, y en 2024 un estudio encontró esa respuesta encubierta en el 25% de los pacientes sin respuesta observable. El índice de complejidad perturbacional, que combina estimulación magnética y electroencefalografía, distingue estados conscientes e inconscientes con gran precisión.

5. ¿Puede la inteligencia artificial tener conciencia?

No hay consenso. Un grupo de investigadores sugirió en 2023 que ningún sistema actual es consciente, aunque no existen barreras técnicas evidentes para construir sistemas que cumplan los indicadores que proponen las teorías. Otros, como Anil Seth, sostienen que la conciencia depende de la vida biológica y no solo de la computación.


Si quieres profundizar en cómo los procesos moleculares del cerebro dan lugar a la experiencia consciente, lo desarrollamos en el libro De la molécula a la mente consciente.

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Director de contenidos en Zythos Media™. Redactor digital especializado en neurociencia y psicoactivos. Autor de los libros "Introducción a la Microdosis de Psilocibina" y "Guía Práctica para Catar Marihuana".

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