El trauma cerebral (TBI, por sus siglas en inglés) es una causa principal de discapacidad y está vinculado a trastornos psiquiátricos como el trastorno de estrés postraumático (PTSD), la depresión y la ansiedad.
Los psicobióticos, un término que resuena cada vez más en los círculos de la neurociencia y la psiquiatría, representan una frontera emergente en la comprensión y tratamiento de las enfermedades mentales.
La exploración científica sobre el despertar de la conciencia en bebés y fetos está revelando que este fenómeno crucial podría tener sus raíces mucho antes de lo que tradicionalmente se ha creído.
El estudio ABCD, que sigue a 10,000 niños desde los 9 o 10 años hasta la adultez, se encuentra en una posición única para dilucidar las relaciones causales entre el uso de sustancias y una variedad de resultados asociados.
En el mundo de la micología y la toxicología, los hongos alucinógenos han capturado la imaginación de muchos, no solo por su uso cultural y espiritual, sino también por su potencial terapéutico.
Por tercer año consecutivo, investigadores de todo el mundo han publicado más de 4.000 artículos científicos específicos sobre el cannabis, sus componentes activos y sus efectos.
Los psicodélicos podrían tener un potencial revolucionario en psiquiatría, aunque, hasta recientemente, las propiedades farmacodinámicas de tales compuestos no parecían diferir mucho de las de la serotonina.
La investigación destaca por ser uno de los primeros estudios sistemáticos en abordar el uso de psilocibina en este contexto específico.
A pesar de su uso clínico como anestésico y antidepresivo, el efecto a largo plazo de la ketamina sobre las redes cerebrales sigue siendo en gran parte desconocido.
En el emocionante mundo de la neurociencia, un estudio desarrollado por Brouwer y Carhart-Harris ha irrumpido como un concepto revolucionario en campo de la psicofarmacología: los Estados Mentales Pivote (PiMS)