Fue en 1995 cuando se solicitó por primera vez que el dolor sea incorporado como un quinto signo vital a ser evaluado por los médicos, sumado a la temperatura corporal, la frecuencia cardíaca, la respiración y la presión arterial.
Desde el aislamiento de la morfina y la posterior producción de opiáceos sintéticos y opioides, hubo un cambio de paradigma en el tratamiento del dolor.